viernes 19 de diciembre de 2008

Amor del Bueno...


El ha sido protagonista de la novela de mi vida por doce años ya. Comenzamos como agua y aceite...y hoy doce años más tarde nuestras diferencias siguen siendo las mismas pero son ellas las que complementan el todo que hoy somos como familia. El ha sostenido mi mano en innumerables ocasiones, algunas de total felicidad, otras de profunda tristeza. Ese apretón de manos...ese abrazo ha buscado dar como también ha pedido recibir.

Su participación en mi vida es serena, siempre lo comparo con aquella tranquila playa a la que llego luego de navegar en un mar de tormentas. En nuestro binomio yo soy el torbellino, de aquí para allá, siempre en un constante ir y venir...él es la parte sosegada de la ecuación, el estabilizador por excelencia. Durante estos años he aprendido a disminuir la velocidad de mi propia marcha, pararme a observar...a vivir más serenamente y todo es gracias a su presencia en mi vida.

Pocas veces me tomo la molestia de agradecerle o de reconocer lo importante que es en el balance de mi propio existir. Durante estos años ambos hemos sufrido metamorfosis severas...algunas han venido por experiencias tristes...otras por experiencias más alegres.

A través de los años hemos aprendido a conocernos mejor, cuando la pasión cegadora del principio de cualquier relación desapareció de nuestras vidas vino un momento de calma donde ambos nos miramos y comenzamos a descubrir quiénes éramos en realidad. Fue durante esa época que aprendí cuales cosas le molestaban profundamente, cuales le gustaban de verdad, donde nuestras miradas aprendieron a comunicarse mejor que nuestras palabras. Creo que fue allí donde comprendí que el verdadero amor...el amor del bueno...viene cuando sientes esa paz interior que proporciona haber encontrado tu otra mitad, tu complemento.

A partir de aquel día comenzé a buscar las cosas que hacían de nuestra relación una muy especial...y aprendí a amarlo con cada gesto...cada momento especial.

* Lo amé aquella noche cuando tomó mi mano y me dijo "claro que vas a ser madre algún día"

* Lo amé aquel día que con ojos brillantes por las lágrimas se paró en aquella puerta y junto a su padre nos dijo que Faco había partido.

* Lo amé cuando con júbilo me abrazó y me deseó lo mejor en mi nueva posición como Gerente.

* Lo amé cuando su mano se posó sobre mi espalda mientras el médico me decía el diagnóstico de mi padre.

Han sido tantos momentos que podría escribir miles de blogs y no podría terminar...sin embargo nuestro binomio llegó a su fin aquel día donde dos rayitas en una prueba de embarazo marcaron el inicio de una metamorfosis aún mayor. Nuestra vida como la conocíamos había llegado a su fin y una nueva era iniciaba.

No pude evitar preguntarme aquella noche, donde la emoción de la noticia del embarazo no me dejaba dormir, que pasaría con nosotros a partir de ese momento. Tengo que admitir que muchas dudas se agolparon dentro de mí...sería una buena madre? y él...sería un buen padre? nos distanciaríamos? ese amor del bueno que conocía seguiría intacto o este acontecimiento amenazaba la playa serena que era mi relación?

Tengo que admitir que me he vuelto a enamorar...

* Me enamoré nuevamente de él cuando su mirada brilló con la noticia del embarazo.

* Me enamoré nuevamente de él cuando sus manos se posaban en mi vientre con una cálida y protectora caricia.

* Me enamoré nuevamente de él cuando acariciaba mi espalda para que pudiese dormir en las noches o cuando masajeaba mis pies cansados he hinchados por el peso del embarazo.

* Me enamoré nuevamente de él cuando los fines de semana en vez de descanzar se ponía a prepara la habitación de su hija...con tanto amor..tanto esmero.

* Me enamoré nuevamente de él cuando su mirada se llenaba de ternurar y sus mejillas se ponian rosadas al ver a su bebé en la pantalla de la sonografía.

* Me enamoré nuevamente de él cuando el Dr. anunció que me harían cesárea aquel sábado y su mirada se cruzó con la mía en aquel consultorio...estaba diciéndome ha llegado el día mi amor!.

* Me enamoré nuevamente de él en la sala de preparto, cuando me cambié la ropa por las que usaría durante la operación, su mirada un poco asustada...pero reflejando valentía...dándome ánimos para que yo dejara de pensar que me sometía a una operación.

* Me enamoré nuevamente de él cuando entro a sala de cirujía, cámara en mano, vestido como un Dr. Recuerdo que me guiñó el ojo y me lanzó un beso.

* Me enamoré nuevamente de él cuando vi su rostro y su mirada cuando sacaron a la bebé y dijeron "es una niña"...yo me deleitaba viendo su expresión de asombro y amor.

* Me enamoré nuevamente de él cuando nos tiraba la primera foto a mi y a la nena juntas aun en cirugía...tenía tanto amor reflejado en sus ojos...

* Me enamoré nuevamente de él cuando fue a sala de recuperación, lo ví entrar, ponerse al lado de mi cama, acariciar mis piernas que aún no tenían mucha sensibilidad, sonreir y decirme...Es preciosa nuestra nena...

* Me enamoré nuevamente de él cuando aquella noche en la clínica, luego de casi dos dias sin dormir lo vi durmiendo en aquel sofá, su respiración pausada, su media sonrisa en los labios...parecía tan completo...

* Me enamoré nuevamente de él cuando nos quedamos solos por primera vez con la beba en nuestra habitación, aquel abrazo que decia "lo hemos logrado"...su palabras que dijeron "somos ahora una familia"...

Y me doy cuenta que este...este es amor..pero amor del bueno, del que construye, del que edifica, del tipo de amor que saca lo mejor de ambos. Como dije...casi nunca reconozco lo importante que es su presencia en mi vida y hoy quisiera rendirle tributo a aquel protagonista callado, el que ha sido mi soporte durante todos estos años, mi amigo, mi confidente, mi cómplice...

A él...gracias...muchas gracias por este amor del bueno...por respetarme, por amarme con mis defectos (que son muchos) y mis virtudes, por compartir conmigo los momentos (buenos y malos), por auto-dejarte de lado tantas veces para ponerme a mí primero.

Hoy vemos materializado el fruto de nuestra fé y de ese amor en nuestra hija Francesca...gracias por haberme dado tanto y haber pedido tan poco a cambio.

lunes 15 de diciembre de 2008

Mientras Dormías...


Anoche mientras dormías yo observaba en silencio tu pequeño pecho subir y bajar ritmicamente. Eran las 3 am y estábamos ambas exhaustas, tu de pelear con el sueño y yo de tratar de calmarte. Sin embargo, aunque todo mi cuerpo gritaba que aprovechara al máximo cada minuto de sueño disponible no pude resistirme a quedarme allí mirando cada parte de tu cuerpo en detalle. Tus bracitos regordetes, tus piernitas redonditas y tu carita de ángel. Talvez sabías que te miraba porque de cuando en vez esbozabas una sonrisa que me derretía el corazón.

Fue tan larga la espera para tenerte...tan ansiado este momento que hay veces como esta noche cuando me cuesta creer que eres una realidad y que estas aquí con nosotros. Todavía no puedo evitar llorar cada vez que doy gracias a Dios por tí, no puedo evitar dejarme llevar de ese sentimiento tan sobrecogedor que se apodera de mí. Extraño aquella relación que teníamos...tan cerca una de la otra que estabamos fundidas en un abrazo que duró nueve meses...las 38 semanas más inolvidables de toda mi vida.

Verte feliz, saludable y creciendo son motivo de gozo y regocijo para nosotros. Pero para mí que soy tu madre duele aceptar que ya no estás dentro de mí, que no puedo librar tus batallas, que no puedo evitarte la tristeza...si tan solo pudiera tomar cada uno de tus retos y vivirlos por tí lo hiciera...pero entonces te estaría privando del reto mismo de vivir.

Y me doy cuenta al verte dormir que la vida me ha cambiado para siempre. Que aquel 18 de Octubre no solo naciste tú sino que mi vida comenzó de nuevo, que no existe nada más importante, que aquellas noches que pasé en vela mientras la inferilidad me hacía llorar ya no importan más, que el dolor de espalda, la acidez o los vómitos del embarazo parecen un precio tan pequeño de pagar ante la grandeza de tu existencia en nuestra vidas.

Se mojan mis ojos al pensar que un día podrás caminar, soltarás mi mano y te enfrentarás al mundo, que un día dirás mamá y mi mundo se detendrá como se detuvo aquella vez que me pateaste por primera vez el vientre. Lloro al pensar lo orgulloso que hubiese estado tu abuelo Manuel al verte, como hubiesen brillado sus ojos con alegría incontenible cuando le apretaras el dedo por primera vez. No puedo evitar pensar lo feliz y loco que se hubiese vuelto tio Faco contigo, que ya tuvieramos miles de fotos que hubiese tirado con su cámara. No puedo evitar y llorar por la grandeza de tu llegada, por la alegría que representas para aquellos que aún estamos aqui en esta tierra y podemos disfrutarte y por el gozo que representas para aquellos que ya no están aquí pero que si pueden verte.

Son las 3 am. y mientras dormías descubro que he comenzado a vivir de nuevo. Que quisiera no tener que dormir y perderme de tí un solo minuto. Mientras dormías te miraba y me daba cuenta de que tanto nos amó Dios para entregar a un hijo porque ahora puedo experimentar el amor de un padre hacia un hijo...se cuanto debemos haberle importando para que entregara a Jesús, lo viera sufrir su calvario solo por nosotros. Mientras dormías me doy cuenta de que grande es este amor que siento por tí, de cuantos sueños tengo para tí...de que gran milagro eres en nuestras vidas.

Mientras dormías tu mami re-escribía su vida, veía como se transformaba su relación con Dios, lloraba y se controlaba el deseo de tomarte en brazos una vez más y sentir el calor de tu cuerpecito rechoncho contra su pecho, de absorber una vez más tu aroma y admirar de cerca la perfección de un milagro...ese milagro que eres tu Francesca Marie. Has valido cada lágrima, cada gramo de esfuerzo, cada noche en vela, cada exámen médico...y ahora duermes allí, esbozando aquella sonrisa sólo para mí a las 3 am y es el mejor regalo de navidad que pueda tener.

Todo eso y más me lo has dado tu mientras dormías...

viernes 5 de diciembre de 2008

El Jardinero y Yo...



Soy de las que pienso que cada cierto tiempo debemos detener nuestra agitada marcha de vida, para en un momento de sosiego espiritual poder re-evaluar nuestra vida, nuestras decisiones, los protagonistas y actores de nuestro relato terrenal. Esta re-evaluación nos lleva a rectificar (de ser necesario) nuestro rumbo, nuestras relaciones, nuestras amistades...nuestro norte. Pienso que hacer esto de vez en cuando nos ayuda a mantener el enfoque de hacia donde vamos y por qué vamos en dicha dirección.

Ser adulto pareciera ser aburrido...hasta hace unos pocos años yo pensaba que me encontraba atrapada en el horrible círculo vicioso en el que pareciéramos entrar una vez que alcanzamos la adultez. Sin embargo, un día mientras me lamentaba calladamente de mi desventura en la seguridad de mi oficina pude ver por la ventana al jardinero del lugar donde trabajo. Eran las 11:30 am y el sol candente de pleno verano dominicano azotaba sin piedad la verde grama del jardín frontal de la empresa. Sin un árbol a la vista, el jardinero no tenía otra opción que realizar su ardua tarea bebiendo mucha agua por lo que cargaba un galón con el líquido que tenia escondido bajo un arbusto pequeñito que le daba sombra.

Me quedé mirándolo...no debía tener más de 21 años, flacucho, podías notar su origen humilde y uno que otro rasgo que habla de algún tipo de desnutrición. Mientras podaba la grama lo veía sumamente concentrado en su faena pero cuando hacía una pausa para beber del galón de agua se tomaba unos minutos y se quedaba con la mirada perdida. Tendría algún problema??...seguramente montones y todos se resolvían con dinero...cosa que probablemente el no tenía. Por un momento me sentí bastante afortunada pues mientras la temperatura alla afuera debía rondar los 32 grados centígrados yo disfrutaba de unos 20 grados. Llegué a sentirme un poco culpable porque cuando me percaté de mi amigo jardinero había estado yo quejándome de que si me tenía que despertar temprano a trabajar, que si el salario debia ser como el triple de lo que ganaba y de como yo debía definitivamente no haber nacido en este país.

Dieron las 12:30 pm y me levanté de mi silla para irme a almorzar, a eso de la 1:15 cuando hacía la sobremesa de lugar en el comedor pude ver como mi amigo jardinero entraba, cantina en mano, a comerse "un morito con pollo guisaó" que una hermana le había traído desde la casa en un motoconcho. Se sentó en la mesa junto a la mía con el otro jardinero y pude escuchar como entablaban una conversación amena sobre los temas del barrio donde vivían (al parecer eran vecinos). De repente la conversación se tornó un poco más seria cuando comenzaron a conversar sobre como el salario no da para nada. Pero una parte de la conversación marcó mi vida desde ese momento en adelante y fue cuando mi amigo jardinero dijo la frase "yo hace mucho que dejé de darle mente a los cuartos...si mi felicidad fuera a estar en el dinero yo hace tiempo me habria suicidado".

Digamos que aquella fue la primera vez que decidí revaluar mi vida y hacia donde iba. Decidí buscar cual era mi norte y que cosas marcaban el paso al que iba mi felicidad. Esta de más decir que aquel dia muchas cosas cambiaron en mi vida y a partir de allí todos los años hago la misma revaluación.

Sin embargo, creo que la lección más importante que aprendí fue que mi felicidad debía fundamentarse en otra cosa que no fuera el dinero o la situación económica. Claro está en una sociedad tan monetizada como esta es difícil no pensar en el dinero o tratar de evitar que el dinero sea quien marque tu felicidad.

Mi cuñado Francisco fué una de las personas más felices que he conocido y tiene cosas en común con mi amigo el jardinero. Digamos que pudo lograr muchas cosas y a su corta edad creo que pudo vivir una vida al máximo (todo eso lo hizo teniendo un trabajo de 8-5 y una vida de adulto como todos nosotros). Su éxito radicó en que se ponía prioridades e iba tras cada una de ellas, vivía con pasión la construcción y el desarrollo de cada uno de sus sueños. Era fácil reirnos de el porque decíamos "cuando a Faco le coge con algo...". Y es que tenía sus prioridades y sus deseos bien claros, cada cosa que hizo la hizo en grande, la disfrutó al máximo y no dejó que la situación económica lo amedrentara. Con un paso a la vez...de a poquito, sin querer abarcar el todo de una vez.

Hace ya unos 4 años de aquel día donde mi amigo jardinero dijo aquella famosa (por lo menos para mi) frase. Con satisfacción hace unos 3 o 4 meses se me acercó una mañana y me dijo "Doña, me compra un número...estoy rifando una licuadora porque quiero tirarle el plato a mi rancho", hacía calor como aquel medio dia hace años atras, el sudaba copiosamente y me fijé que el galón seguía debajo del arbusto para que el agua no se le calentara mucho. Mi amigo jardinero seguía en las mismas...con su espíritu inquebrantable y aquella sonrisa que le ilumina el rostro.

Luego de comprarle los números y que me deseara buena suerte "con la rifa y con la barriga", me dí media vuelta y me marché. En aquel momento supe que la felicidad de un ser humano no radica en las cosas sino en el placer que se obtiene del trabajo honrado para obtenerlas. Me di cuenta que la felicidad radica en el gozo que existe en la planificación y búsqueda de un sueño..más que en la realización del sueño mismo. Y que...al final...te das cuenta que al alcanzar ese sueño solo lograste alcanzar el punto de inicio del próximo.